miércoles, 25 de febrero de 2009

Miércoles de Ceniza inicio de la Cuaresma

La cuaresma es tiempo de arrepentimiento. Quizá a nosotros la llamada al arrepentimiento que es la Cuaresma, podría parecernos un poco extraña, un poco particular, porque podríamos pensar: ¿de qué tengo yo que arrepentirme?. Arrepentirse significa tener conciencia del propio pecado. La conversión del corazón es el tema que debería de recorrer nuestra Cuaresma, tener conciencia de que algo he hecho mal, y podría ser que en nuestras vidas hubiéramos dejado un poco de lado la conciencia de lo que es fallar. Fallar no solamente uno mismo o a alguien a quien queremos, también la conciencia de lo que es fallarme a mí.

Pudiera ser también que en nuestra vida hubiéramos perdido el sentido de lo que significa encontrarnos con Dios, y quizá por eso tenemos problemas para entender verdaderamente lo que es el pecado, porque tenemos problemas para entender quién es Dios. Solamente cuando tenemos un auténtico concepto de Dios, también podemos empezar a tener un auténtico concepto de lo que es el pecado, de lo que es el mal.

La cuaresma es todo un camino de cuarenta días hasta la Pascua, y en este camino, la Iglesia nos va a estar recordando constantemente la necesidad de purificarnos, la necesidad de limpiar nuestro corazón, la necesidad de quitar de nuestro corazón todo aquello que lo aparte de Dios N. S. La Cuaresma es un período que nos va a obligar a cuestionarnos para saber si en nuestro corazón hay algo que nos está apartando de Dios Nuestro Señor. Esto podría ser un problema muy serio para nosotros, porque es como quien tiene una enfermedad y no sabe que la tiene. Es malo tener una enfermedad, pero es peor no saber que la tenemos, sobre todo cuando puede ser curada, sobre todo cuando esta enfermedad puede ser quitada del alma.

Qué tremendo problema es estar conviviendo con una dificultad en el corazón y tenerla perfectamente tapada para no verla. Es una inquietud que sin embargo la Iglesia nos invita a considerar y lo hace a través de la Cuaresma. Durante estos cuarenta días, cuando leemos el Evangelio de cada día o cuando vayamos a Misa los domingos, nos daremos cuenta de cómo la Biblia está constantemente insistiendo sobre este tema: “Purificar el corazón, examinar el alma, acercarse a Dios, estar más pegado a Él. Todo esto, en el fondo, es darse cuenta de quién es Dios y quién somos nosotros.

Por otro lado, el hecho de que el sacerdote nos ponga la ceniza, no es simplemente una especie de rito mágico para empezar la Cuaresma. La ceniza tiene un sentido: significa una vida que ya no existe, una vida muerta. También tiene un sentido penitencial, quizá en nuestra época mucho menos, pero en la antigüedad, cuando se quería indicar que alguien estaba haciendo penitencia, se cubría de ceniza para indicar una mayor tristeza, una mayor precariedad en la propia forma de existir.

Preguntémonos, si hay en nuestra alma algo que nos aparte de Dios. ¿Qué es lo que no nos permite estar cerca de Dios y que todavía no descubrimos? ¿Qué es lo que hay en nosotros que nos impide darnos totalmente a Dios Nuestro Señor, no solamente como una especie de interés purificatorio personal, sino sobre todo por la tremenda repercusión que nuestra cercanía a Dios tiene en todos los que nos rodean?. Solamente cuando nos damos cuenta de lo que significa estar cerca de Dios, empezaremos a pensar lo que significa estar cerca de Dios para los que están con nosotros, para los que viven con nosotros. ¿Cómo queremos hacer felices a los que más cerca tenemos si no nos acercamos a la fuente de al felicidad? ¿Cómo queremos hacer felices a aquellos que están más cerca de nuestro corazón si no los traemos y los ayudamos a encontrarse con lo que es la auténtica felicidad?.

Qué difícil es beber donde no hay agua, qué difícil es ver donde no hay luz. Si a mí, Dios me da la posibilidad de tener agua y tener luz, ¿solamente yo voy a beber? ¿Solamente yo voy a disfrutar de la luz?. Sería un tremendo egoísmo de mi parte. Por eso en este camino de Cuaresma vamos a empezar a preguntarnos: ¿Qué es lo que Dios quiere de mí? ¿Qué es lo qué Dios exige de mí? ¿Qué es lo que Dios quiere darme? ¿Cómo me quiere amar Dios?, para que en este camino nos convirtamos, para aquellas personas que nos rodean, en fuente de luz y también puedan llegar a encontrarse con Dios Nuestro Señor.

Ojalá que hagamos de esta Cuaresma una especie de viaje a nuestro corazón para irnos encontrando con nosotros mismos, para irnos descubriendo nosotros mismos, para ir depositando esa ceniza espiritual sobre nuestro corazón de manera que con ella vayamos nosotros cubriéndonos interiormente y podamos ver qué es lo que nos aparta de Dios.

La ceniza que nos habla de la caducidad, que nos habla de que todo se acaba, nos enseña a dar valor auténtico a las cosas. Cuando uno empieza a carecer de algunas cosas, empieza a valorar lo que son los amigos, lo que es la familia, lo que significa la cercanía de alguien que nos quiere. Así también tenemos que hacer nosotros, vamos a ir en ese viaje a nuestro corazón para que, valorando lo que tenemos dentro, nos demos cuenta de cuanto podemos dar a los que están con nosotros.

Este es el sentido de ponerse ceniza sobre nuestras cabezas: el inicio de un preguntarnos, a través de toda la Cuaresma, qué es lo que quiere Dios para nosotros; el inicio de un preguntarnos qué es lo que el Señor nos va a pedir y sobre todo, lo más importante, qué es lo que nosotros vamos a podré dar a los demás. De esta manera, vamos a encontrarnos verdaderamente con lo más maravilloso que una persona puede encontrar en su interior: la capacidad de darse.

Recorramos así el camino de nuestra Cuaresma, en nuestro ambiente, en nuestra familia, en nuestra sociedad, en nuestro trabajo, en nuestras conversaciones. Buscar el interior para que en todo momento podamos encontrarnos en el corazón, no con nosotros mismos, porque sería una especie de egoísmo personal, sino con Nuestro Padre Dios; con Aquél que nos ama en el corazón, en lo más intimo, en lo más profundo de nosotros.

Que el bajar al corazón en esta Cuaresma sea el inicio de un camino que todos nosotros hagamos, no solamente en este tiempo, sino todos los días de nuestra vida para irnos encontrando cada día con el Único que da explicación a todo. Que la Eucaristía sea para nosotros ayuda, fortaleza, luz, consuelo porque posiblemente cuando entremos en nuestro corazón, vamos a encontrar cosas que no nos gusten y podríamos desanimarnos. Hay que recordar que no estamos solos. Que no vamos solos en este viaje al corazón sino que Dios viene con nosotros. Más aún, Dios se ofrece por nosotros, en la Eucaristía, para nuestra salvación, para manifestarnos su amor y para darse en su Cuerpo y en su Sangre por todos nosotros.

Autor: Padre Cipriano Sánchez L.C.

martes, 17 de febrero de 2009

El reencuentro con mi Sensei

Hace algunos días me reencontré con mi maestro de Meditación Zen el Sensei Quintero, persona a quién aprecio y admiro muchísimo por sus conocimientos y enseñanzas trasmitidas basadas en el Dharma del Buda, de los maestros Zen y de algunas citas bíblicas para asociar, por ejemplo, el no-temor a la muerte, como enseñanza Zen, con el no-temor a la muerte como lo vería un cristiano genuino. Conversando con él rememoré los momentos pasados con la shanga (Compañeros practicantes de la Vía.), fueron momentos de aprendizaje y crecimiento espiritual a través de las enseñanzas del Sensei pude comprender que el apego sólo trae sufrimientos. El tiempo de nuestra vida es corto. Vivir en perfecta armonía y libre de apegos es la vía correcta. En el Zen se dice: “debemos regresar a la condición original de nuestro espíritu”. Es necesario practicar para determinar la verdad de esta enseñanza. Nada es verdadero hasta que tu cuerpo, tu mente y tu espíritu así lo hayan comprobado. El Zen no es ninguna secta, ninguna religión. El Zen es Zazen. (Meditación Zen sentada) Y Zazen es la práctica para liberarte del peso del apego a lo impermanente, del sufrimiento que supone ese apego, y para liberarte del yugo de tu ego. Cuando el yo se separa de todo objeto o deseo terrenal, se vuelve hacia la no substancia, hacia el no-yo, hacia KU. (vacío)Dejar pasar los pensamientos no reduce el campo de tu conciencia. Es el pensamiento integral. Es la expansión sin barreras de tu nivel de conciencia. Para un neurólogo “dejar pasar los pensamientos” durante Zazen es la condición ideal del psiquismo humano. La respiración te ayuda a ver este camino de vida transitoria. Entrar, salir, Salir, entrar. Cuando más se practica zazen, más uno comprende con todas las fibras de su cuerpo que los pensamientos son contenidos vacíos, que vienen y van. El maestro Zen no es sino un hombre que conoce profundamente la mente humana. Y es su labor ayudar a sus seguidores a conocer el Dharma a través de cualquier método que esté a su alcance. El discípulo tomará la respuesta, la digerirá y verá por que es importante esa respuesta para él. El maestro busca romper tus esquemas y llevarte más allá de la mente ordinaria. Para eso sigues al maestro. Por esto decidí reencontrarme de nuevo con la shanga después de mi ausencia de más de un año.

sábado, 14 de febrero de 2009

¡Feliz Día del Amor y la Amistad!

Amor sentimiento sublime que

Mueve al mundo…

Obstinado toca los corazones de

Ricos y pobres, blancos y negros, creyentes y ateos…

Misdi

En este dia tan especial quise compartir con ustedes este modesto acróstico y estos hermosos videos: "Pleito de Amar y Querer" del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco y "Amar y Querer", de José Jose esperando sean del agrado de todos mis queridos amigos blogueros con mis deseos sinceros de que el amor, la paz y la armonía invadan sus corazones desbordándolos hasta unir cada uno de los carazones de todos los que conformamos este planeta llamadoTierra para así sintonizarnos en un solo latido de paz y amor.Un abrazoooo bien fuerte y todo mi amooor............Misdi

jueves, 12 de febrero de 2009

La felicidad

Feliz es aquel cuya fuente de fe y de optimismo no se agota nunca. Nadie ha descubierto todavía un camino único hacia la felicidad. Cada uno tiene su propio camino que lo conduce a un estado de paz y de satisfacción.

El mundo podría ser más feliz si los hombres en lugar de sembrar el mal, sembrasen el bien. Si en vez de dar impulso al cerebro, actuaran más con el corazón. La mayor satisfacción es secar una lágrima y provocar una sonrisa de felicidad. Felices los que saben soñar, escuchar el canto de los pájaros y deleitarse con el perfume de las flores.

Existen muchos tipos de riqueza. La más importante es ser feliz y estar contento con lo que se posee. Las pequeñas satisfacciones obtenidas son ladrillos con los que podemos construir la propia felicidad. La plena felicidad consiste en no ser feliz uno solo.

La vida es un fascinante romance compuesto de varios capítulos. Cada página, es un día vivido, una derrota o una victoria alcanzada. Nosotros, como autores, debemos dar a ese romance un desenlace armonioso y feliz. Vivimos el día de hoy alegres y felices. Dejemos nuestra mente y corazón preparados para las sorpresas que enfrentaremos mañana, con el mismo entusiasmo de hoy.

Una familia debe ser como un jardín: con sinceridad, abonar la tierra; con cariño plantar, con amor, recoger los frutos. En la amistad verdadera nada se pide, todo se recibe.

Quien descubrió la experiencia propia, que la alegría de la vida consiste en dar más que en recibir, encontrará el camino seguro hacia la felicidad. El ideal humano exige que cada uno sea constructor de puentes que nos permitan unirnos cada vez más.

Unir es armonizar. La verdadera unión de los seres humanos sólo se realizará cuando todos, en armonía perfecta, se tornen seguidores de las leyes divinas. Caminar tomados de las manos es la manera aconsejable de llegar con rapidez a las metas. Quien no sueña con los ojos abiertos, no contempla la belleza del Universo.

Feliz es quien sabe conquistar simpatías y afectos, y cuyo corazón es un imán que atrae la bondad de otros y la bendición divina. Los proyectos se realizan, las riquezas se acumulan, la paz se conquista, la felicidad necesita encontrarse. Los triunfadores no necesitan buscar nuevos amigos. Ellos surgen espontáneamente.

Felices son aquellos que saben encender la luz de la esperanza en la mayor y más temible oscuridad. Olvidamos con facilidad el cariño recibido, pero dejamos grabadas en nuestro corazón las injurias que nos hacen. La historia humana se escribe con lágrimas y con el sacrificio de millones de individuos que son olvidados. La misión de las futuras generaciones es encontrar una nueva manera de escribirla sin sangre y sin lágrimas, pero con mucha humildad, amor y justicia.

Nunca tenemos que querer ser más felices de lo que somos. Quien sabe renunciar, vive mejor. Rara vez damos real valor a lo que poseemos. Sin embargo, exageramos el valor de lo que no tenemos.

Las ideas del hombre son como notas musicales. Corresponde a cada uno ordenarlas adecuadamente, para crear una melodiosa sinfonía. Vivir honestamente es el primer escalón para alcanzar la paz.

La mejor defensa contra la tristeza es querer ser feliz. Verdadero amigo es quien participa de nuestras alegrías y sufre con nuestro sufrimiento. Las lágrimas de alegría son semillas para el árbol de satisfacción y de felicidad. La alegría es un mandamiento que cada uno debería incluir en su "código de leyes" y utilizarlo como regla básica para una vida mejor. Quien no siembra no puede cosechar. Seamos buenos sembradores para que podamos recolectar abundantemente.

La bondad no se improvisa, se necesita tenerla para ofrecerla.

Nuestra más grande falla es rehusar ser lo que en realidad somos. El que acepta los propios fracasos con naturalidad, construye puentes para transponer ríos. Necesitamos ser conscientes de que tiempos mejores no dependen de otros, sino de nosotros. Solamente con actitudes valientes, equilibradas y justas estaremos creando condiciones para ello. Si pretendemos mejorar el mundo, sería bueno comenzar primero por nosotros mismos.

Con las quejas de ayer y con el miedo del mañana, estamos perdiendo la felicidad de hoy. El dinero es importante para vivir, pero no debe ser el objetivo de la vida Si no, perdemos la libertad tornándonos esclavos de su valor.

No existe la soledad para el que contempla el azul del cielo, escucha el canto de los pájaros y siente latir el corazón del prójimo.

Perdonar no cuesta nada y nos ofrece mucho. El odio es el aire viciado que contamina a los hombres.

El más fácil llorar que reír. Cuando invertimos el orden, somos más serenos y felices.

El ayer, el hoy y el mañana del individuo deben formar un hermoso trío que equilibre su existencia.

No desear lo que no podemos alcanzar nos hace menos envidiosos, más libres y felices. Quien puede controlarse es creador de su propia felicidad. Todos estamos sujetos a posibles equivocaciones. No aclararlas, es continuar caminando en lo oscuro.

Quien no posee nada más que dinero difícilmente podrá comprar la felicidad.

Podemos arriesgar algo importante y duradero si nos inspira la confianza y sentimos el gran mensaje del cual somos portadores. Seamos apóstoles de los nuevos tiempos; acercándonos a los hombres, practicando la caridad, implantando la justicia y sembrando el amor.

Quise compartir estas hermosas reflexiones que me llegaron en un correo, espero les agraden tanto como a mí. Misdi